GASTRONOMÍA (@moviefan1973)

Uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos cuando decidimos, o sencillamente cuando las circunstancias de la vida nos llevan a vivir lejos de nuestras familias, se relaciona con la comida que consumimos. Cuando somos estudiantes, estamos residenciados o cuando estamos en una localidad diferente a la nuestra, en la mayoría de los casos no contamos con una persona que nos cocine, nos facilite el momento de alimentarnos y eso nos lleva a comer en la calle (situación que probablemente termine afectando nuestros bolsillos y hasta nuestra salud) o a comer siempre lo mismo, algo rápido, sencillo que termina convirtiéndose en rutina.

Pero qué tal unos tips que nos ayuden a sobrellevar esta situación de forma simple, pero exitosa, implicando un pequeño esfuerzo de unas horas que se verán recompensados con el paso de los días, para empezar debemos dedicar un día a las compras, caminar un poco, buscar en la zona cercana a donde vivimos una feria de verduras, un lugar donde podamos comprar algunos ingredientes mas económicos y frescos, a su vez debemos ir a una carnicería y tratar de hacernos “panas” del carnicero para comprar buenos cortes no tan costosos. El segundo paso, es dedicarnos a preparar algunos platos, los cuales puedan ser guardados en el congelador o en la nevera y solo sea necesario calentar o cocinar un poco para tener una alimentación rica y saludable.

Que no debe faltar en esa compra, papas, vegetales como vainitas, coliflor, brócoli, cebollas, zanahorias, tomate, un par de lechugas y si es posible berenjenas y calabacines. Respecto a las carnes, un par de pollos, un trozo de entrecanto (es una corte de carne que sirve para hacer bistecks, milanesas, hasta pinchos que no es muy costosa y es rica) un par de chuletas ahumadas y listo comencemos. Pidele al carnicero que te trocee el pollo en piezas, los muslos, las pechugas, que te deje algunas cosas con piel y otras sin piel, no le regales los huesitos, esos son ideales para hacer consomé, pídele también que te convierta en filete una de las pechugas, la otra la puedes dejar con hueso. Ah, se me olvidaba debes comprar ajos o pasta de ajo, sal, pimienta, salsa inglesa, como condimentos básicos.

Ahora cocinemos, primero hagamos algunos alimentos conservados, por ejemplo una salsa de tomates, lava bien los tomates, córtalos en ruedas, o de la manera que prefieras, eso si, trata que los trozos sean del mismo tamaño para que se cocinen de manera uniforme, calienta una sartén, agrégale un chorrito de aceite, cuando este caliente ponle los tomates, un par de dientes de ajo, remueve bien y a los 5 minutos bajas el fuego, sazona con sal y pimienta y lo dejas tranquilo hasta que el tomate este prácticamente desecho. Esta preparación la puedes procesar en la licuadora o dejar asi (todo depende de cómo te gusten las verduras) y almacenar en frascos, preferiblemente de vidrio, haz porciones no muy grandes, para que uses solo la que necesites cada vez. Esta salsa te sirve para pastas, pizzas, para condimentar un pollo, un pescado, solo tienes que agregarle una hierba o especia al momento de usarla y calentarla para variar el gusto, por ejemplo, unas hojitas de albahaca si vas a usarla en una pizza, o tal vez orégano para una pasta, que tal cebolla o cebollín si lo pones para guisar un pollo.

Continuando con los preparados a base de verduras y vegetales, atrévete a hacer unas cebollas caramelizadas, suena complicado pero es sumamente  fácil y muy bueno, sirve comerlo frio o caliente y puede formar parte de una preparación o ser un acompañante, un aderezo. Que necesitas? Cebollas, mucha cebolla, blanca, amarilla o morada, no importa, o una mezcla de las 3, un chorro de aceite, un poco de sal, y paciencia. Corta las cebollas en ruedas finas, calienta la sarten, agrega el aceite, luego las cebollas y remueves por unos cinco minutos, cuando comience a ponerse transparente, es momento de ponerle sal, remover, bajar el fuego y dejar allí,  mezclando de vez en cuando hasta que las cebollas queden color caramelo, bien doradas, sin estar quemadas, no te asustes si vez que de una sarten rebosante de cebollas queda menos de la mitad del volumen, es normal, pero vale la pena, con esta mezcla puedes preparar tortillas, ser parte de un delicioso sándwich al que solo le pones queso, las cebollas y listo. Cabe destacar que esta mezcla no te deja mal aliento y te deja muy bien parado ante cualquiera.

Un pesto también te ayuda a salir de apuros y su versatilidad te permite usarlo como condimento o como ingrediente principal para una pasta o alguna otra preparación, la receta original es a base de albahaca, aceite de oliva y piñones (cariiiiiiiiiiiiisimos) razones por las que me atrevo a ofrecerte un par de variaciones que fácilmente podemos almacenar en la nevera para nuestro uso. La primera sigue necesitando a la albahaca como ingrediente principal, podemos sustituir el aceite de oliva por aceite de maíz, girasol o soya y los piñones por almendras, nueces o merey, procesamos en la licuadora, le agregamos sal y pimienta al gusto y a guardar en frascos, un truco para mantener la calidad es usar una cuchara de madera o una desechable para sacar las cantidades y poner un chorrito de aceite encima de la preparación antes de cerrar el frasco (sin mezclar este poquito de aceite) eso forma una capa que protege la preparación. Una variedad mas económica e igual de nutritiva y deliciosa se puede preparar a base de cilantro y merey o mani, el procedimiento es el mismo y los usos son infinitos.

Para finalizar por esta semana, tengamos a mano aderezos para ensalada (ya arriba tenemos los pestos, las cebollas que pueden ser parte de un aderezo) pero tengamos una botella de aderezo básico para cuando el hambre haga acto de presencia solo mezclemos algunos ingredientes, batamos el aderezo y listo a disfrutar. La clásica vinagreta lleva 3 medidas de aceite por una y media de vinagre, sal y pimienta al gusto. Un truco infalible es mezclar el vinagre con la sal y la pimienta y por último agregar al aceite, batir bien hasta hacer una emulsión (es decir, todo esta unificado). AL momento de servir, podemos variarla agregando unas gotas de jugo de limón, naranja, parchita y hasta mandarina para cambiar el sabor. De repente un toque de miel, unas gotas de salsa de soya, mostaza o mayonesa.  Un ingrediente adicional hace el aderezo diferente, solo te toma un par de minutos, no te aburres, ahorras y sobre todo comes variado y rico.

En la próxima entrega hablaremos de cómo tener algunas carnes listas para solo calentar o cocinar un par de minutos. Nos seguimos leyendo.

Por Luis García Luque / Chef Goordini.

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